miércoles, 22 de enero de 2014

LA PSICOPATÍA EN EL SÉPTIMO ARTE

Psicópatas, un gran tema para mostrar en grandes pantallas

Las anomalías biológicas, temperamentales y cerebrales hacen del psicópata un enfermo con una tendencia antisocial que se manifiesta en su propensión hacia el crimen. Su personalidad desconcertante, carente de empatía y descarada por su indeferencia ante el castigo, ha sido una taquillera materia prima para el guionista cinematográfico, que ha planteado con mayor o menor aproximación científica, un mismo panorama pero desde distintas perspectivas, que como tal, sugiere un rico subgénero cinematográfico, el del asesino en serie.
El expresionismo alemán, sobre todo próximo al ascenso del nacionalsocialismo, encontró en el asesino en serie una fuente inagotable de inspiración. Frinz Lang sería el primer especialista de la historia del cine que trató esta temática en la pantalla, con una gran calidad cinematográfica. Desde M, el vampiro de Dusselldorf hasta la serie que dedicó al personaje del Dr. Mabuse, se desprende la psicopatía de una serie de asesinos en series muy particulares.
cine-psicopatas2Como decía en alguna ocasión Sigurney Weaver (en Copycat), "el asesino en serie no es cosa del siglo XX". El ejemplo, no sólo más conocido, sino el más celebre, es el caso real más importante sin resolver. Nos referimos a Jack, el destripador, nombre con el que se conocía al estrangulador real de prostitutas en el Londres victoriano, personaje por el que se ha corrido ríos de tinta, rollos cinematográficos y tiradas de comics (el más famoso es el de Alan Moore, que fue trasladado en el celuloide con el título de Bajo el infierno).
Precisamente fue Alfred Hithcock quien presentó una primera aproximación a esta leyenda de la psicopatía enEl asesino de las rubias, con la caza de un serial killer por las calles de Londres. Pero este director firmaría algunas obras maestras, dentro de esta temática, entre la que destaca Psicosis, cuyo protagonista Norman Bates debe considerarse como el psicópata cinematográfico por excelencia. Aunque el gigante del suspense, no tuviera intención de hacerlo, su más aterrador film crearía toda una escuela dentro del psicokiller, del celuloide. Decenas de personajes tomaron de Norman Bates el carácter que luego imitaron, perfeccionaron y adaptasen a las nuevas tendencias. Identidades en el séptimo arte que no hacían más que representar la parte más violenta e irracional de nuestra personalidad y los temores caras a la sociedad.
cine-psicopatas3De ahí, que incluso la comedia o discursos narrativos próximos a la fábula puedan sacar provecho del asesino en serie, como hace Frank Capra, con su particularismo estilo, en una aproximación a este subgénero en su película Arsénico por compasión.
Ese muchacho murió porque bebió un vaso de vino que tenía veneno.
Pero, ¿cómo tenía veneno en el vaso?
Pues, se lo pusimos en el vino porque se nota menos que en el té, que tiene un sabor muy especial.
Recientemente fallecido, el cineasta Richard Fleisher nos dejó una película titulada El estrangulador de Boston, con la que nos sublima una rama fundamental del género, en auge en los últimos años en filmes constituidos por la historia de asesinos reales, Jack el Destripador o Ed Guein, son algunos de los ejemplos del serial killers. Son llevadas a la pantalla para el regocijo morboso del espectador, cuyas motivaciones –aunque equivocadas no están faltos en sus justificaciones de un altruismo moral o un dictamen religioso de naturaleza esquizoide. Esto lo vemos en la película Ed Guein, de Grein Parell.
En torno a la figura del serial killer también aparecen reflexiones sobre su condición de estrellas mediáticas. Asesinos natos, una magnífica película de Oliver Stone, nos presentaba a la televisión como uno de los factores propios de esta conducta, mientras que el falso documental Ocurrió cerca de su casa (Reny Belvaux) era una ventana abierta para un psicópata exhibicionista y egocéntrico, con ansias de notoriedad.
cine-psicopatas4En los años setenta y ochenta surgieron las llamadas Splatter Movies, que crearían todo un subgénero muy taquillero entre las producciones más recientes, caracterizándose por la violencia más explícita basada en un despliegue enfático y monográfico de torturas y mutilaciones en la pantalla. En el Splatter encontramos desde La matanza de Texas (Tobe Hopper) a lo que se llamó el giallo (amarillo, por la referencia a las revistas de terror italianas) de Mario Bava, pero sobre todo de Dario Argento, y las video nasties (repugnantes) de Wes Craven y Abel Ferrara. Ya es clásica la definición de John McCarty (Splatter Movies: Breaking the last taboo) dado a este subgénero del terror, que lo consideraba brutal, primitiva, una carnicería atroz, pero también tremendamente humana. Mal que le pese a los moralistas, las Splatter Movies explota el complejo tema del placer asociado al dolor, que subyace en una de las áreas más oscuras e impenetrables de nuestra vida anímica, tal y como lo expuso Sigmund Freud. La muerte y tortura de una o más personas, considerado como un espectáculo, suscitan emociones encontradas como el de la piedad, la repulsión, la curiosas morbosa, pero también la excitación sexual. Reeker (David Payne), Hostel (Eli Roth), la reciente Los ojos del mal (Joel Simon) o la saga Saw, son algunos de los Splatter más crueles, de los últimos años.
Uno de los pilares de la psicopatía cinematográfica la aportó el escritor Thomas Harris en El silencio de los corderos, obra de la que partió una conocida saga cinematográfica, aunque inspirada en una serie de asesinos en serie que existieron en la realidad, por ejemplo, André Tchatilo, que fue apodado el Hannibal ruso, personaje que fue también caníbal y de modales suaves en su vida cotidiana, trasladado al celuloide con el rostro del actor británico Malcom McDowell (Alex en La naranja mecánica) en la película Evilenko. Pero sobre todo habría que destacar al psicópata que sería conocido como Buffalo Bill, que encerraba a sus víctimas en un pozo. El asesino al que se debe dar caza en El silencio de los corderos se basa principalmente en Ed Guein, un criminal que vivió en el Wisconsin de los años cincuenta y sesenta, decidido a confeccionarse un traje con piel de mujer, previo asesinato de varias mujeres. Ed Guein también sirvió de modelo para crear el personaje de Norman Bates, de Psicosis, e incluso inspiró al psicópata de La matanza de Texas (Tobe Hopper).
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El modus operandi del llamado Buffalo Bill, a la hora de atrapar a sus víctimas, consistía en el truco del brazo escayolado, para pedir ayuda con el fin de que las mujeres le ayuden a cargar con algo pesado. Estratagema que utilizaba uno de los psicópatas más conocidos, el encantador y terrible, al mismo tiempo, Ed Bundy.
Después del éxito de El silencio de los corderos, el género renace en torno a un patrón dramático, una suerte de cacería intelectual en la cual un peculiar tandem de investigadores acaban siendo víctimas del serial killer. El coleccionista de huesos o Deuda de sangre, son buenas muestras de este esquema, aunque sea Seven, el mejor y más conseguido ejemplo, sobre todo gracias a la riqueza visual del estilo personal de su director David Fincher y a una historia hilvanada con las actuaciones de un psicópata, que merecería un capítulo aparte porque sus reflexiones sobre la naturaleza humana le alejan del mero entretenimiento.
En los últimos años se han realizado algunos títulos muy destacables, como American Phsyco, de Mary Harron, un trepidante retrato de un joven ejecutivo norteamericano que pone de manifiesto la enferma mentalidad de una sociedad sin escrúpulos. Por su parte, Escalofrío, interpretada y dirigida por Bill Paxton es una fábula espeluznante sobre las relaciones familiares y un hombre, esquizofrénico convencido, que se considera el brazo ejecutor de Dios.
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Se me apareció el ángel y me explicó las verdades de este mundo y me reveló la misión que tenía para nuestra familia.
El cine patrio también dedicó algunos títulos a esta temática, destacando Las horas del día, del director Jaime Rosales, un ejercicio de cotidianidad brutalmente interrumpido por unos asesinatos gratuitos y completamente aleatorios que comete su protagonista. Bigas Luna dirigió una cinta, luego muy imitada por el cine americano, dentro de esta temática, Angustia.

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